PARLA / Fofito actuó en el circo Gottani: “Al niño le tienes que sorprender”

Alfonso Aragón Sac, conocido como Fofito.

Alfonso Aragón Sac, conocido como Fofito, con su indumentaria habitual.

PARLA (MADRID) / Algunas canciones y expresiones pueblan el imaginario colectivo de varias generaciones de españoles. Feliz, feliz en tu día, La gallina Turuleca, El auto de papá, Porompompón Manuela, etc… Son tantos los momentos en que aquellos maravillosos payasos de la tele iluminaron la infancia de chiquillos que hoy son padres, incluso abuelos… Son tantas las sonrisas conseguidas, son tantas las aventuras que, en blanco y negro y en color, alegraron los primeros años de tantos niños, que cuantificarlo sería imposible. Varias décadas después, Alfonso Aragón Sac (La Habana, 1949) sigue cumpliendo el rito de transformarse en un personaje del que no puede (ni quiere) despegarse: Fofito. Hijo de Fofó y sobrino de Gaby y Miliki, la mítica saga de origen cubano perdura. La magia del circo, la factoría de ilusiones, de color, de música y de humor que todavía recorre los pueblos y ciudades de España, incluso en Navidad. Fofito concedió una entrevista a NOTICIAS DE TU CIUDAD y repasó su carrera.

Una entrevista de ÓSCAR RESINO BELLO

-PREGUNTA: Había una vez un circo. Y sigue vivo. ¿Qué opina?

-RESPUESTA: Y seguirá mientras que haya un niño en el planeta, existirá el espectáculo del circo.

-Sus canciones forman parte de la banda sonora de la infancia de varias generaciones de niños españoles e incluso de muchos mayores. ¿Por qué tanto éxito y aceptación? ¿Cuál fue la clave y cuál sigue siendo?

-En aquel momento, en España sólo existía un único canal de televisión, que era la Primera. Después vino el UHF, que no cubría todo el territorio nacional. O veías a Félix Rodríguez de la Fuente, el Telediario o Los payasos de la tele. No había más.

-Se hacía un producto de gran calidad que ha sobrevivido durante el tiempo. ¿Está de acuerdo?

-Mejor que lo que se está ofreciendo hoy día, porque los niños no tienen actualmente nada como no se vayan a jugar a la PlayStation.

-España ha cambiado mucho desde entonces. ¿El humor sigue siendo igual o existen otras fórmulas para llegar a los más pequeños?

-Para el niño, hay que ser un poquito más inteligente y esconderle el final del chiste o de la parodia por que sino, hoy día, es muy espontáneo y te responde diciendo que te vas a caer, a resbalar o que te van a tirar un cubo de agua. Le tienes que sorprender. Si no le sorprendes, no se ríe.

-¿Cómo se consigue hacer reír? ¿Es más difícil que hacer llorar?

-Hacer reír y llevar a una persona al estado de que no puede parar de hacerlo es más difícil, como nos ha pasado aquí muchas veces en el circo, que alguien contagia a los demás y tenemos que parar el espectáculo.

-¿Cuánto de actor tiene un payaso? ¿Es una faceta tan diferente dentro de la interpretación? ¿Hay que tener algo más?

-Yo tuve la suerte de aprender a ser payaso haciendo aventuras en televisión con mi padre y con mis tíos. Ellos eran unos payasos actores que comenzaron en 1949 haciendo lo mismo en Cuba, donde aprendieron cómo iluminar un plató, cómo colocar unas cámaras o cómo dirigir una parodia. Ahí, lo aprendimos todos juntos.

-Cine, tele, discos, musicales, series. ¿Qué le hace más feliz? ¿Sigue disfrutando más en la pista?

-No. Mientras hay público… He hecho plazas de toros también y polideportivos. Fofito se va creciendo según van riéndose los espectadores. Me da igual. Siempre hacemos el mismo trabajo toda la familia, un humor sano y limpio. Sabemos hacerlo y nos apoyamos mucho en la música. Hay países en los que no dominamos su lengua y hacemos reír como músicos.

-¿Qué balance hace de su larga trayectoria artística? ¿Está satisfecho tras cincuenta años?

-Creo que sí. Tanto en América como aquí nos han acogido muy bien y tengo más recuerdos bonitos, sanos y cariño que lágrimas.

-Ha triunfado en América y en España. ¿El humor es internacional o tiene sus peculiaridades?

-No. Muchas veces tienes que cambiar, a lo mejor, una palabra por otra, porque en otros países significa otra cosa. Pero, en definitiva, el castellano es tan amplio que lo puedes dominar.

 

“Tuve la suerte de aprender a ser payaso haciendo aventuras en televisión”

 

-La tele, aquellos maravillosos años. ¿Los echa de menos? ¿Fue una etapa que nunca volverá?

-No es algo que nunca volverá. Estará ahí y está viva. Fofito tiene proyectos sobre la mesa de los directores de las diferentes cadenas de televisión, pero no se lanzan. No sé por qué, pero dicen que la parcela infantil está cubierta de 6 de la mañana a 7 y que ya no quieren a los payasos ni nada más.

-Actuar en directo, ante el publico, ¿sigue siendo un examen diario o lo tiene superado?

-Que va. Los nervios siempre están a flor de piel. Y más siendo un Aragón, algo que te empuja a tener más responsabilidad. La gente quiere ver aquello que veía en la televisión, pero superado. Entonces, te tienes que superar aunque te duela la tripa o una muela.

-Citaba usted a su familia, los Aragón, quienes fueron precursores de la popularización del circo en televisión. Fueron de los primeros en introducir este arte. ¿Es cierto?

-No. Había circos en España cuando nosotros llegamos. Ya estaban los Tonetti y en Madrid existía el Circo Price, que ahora se ha renovado, o el Circo Americano. Había circos paseando por este país que se acercaron a nosotros y que nos preguntaban si queríamos hacer una gira.

-Los niños de hoy no son iguales que los de los años 70. ¿No son tan inocentes? ¿Son más inteligentes o el niño siempre es el mismo?

-Sin duda ninguna, están más espabilados debido a los medios de comunicación que hay hoy día, que antes no había. El niño antes apenas veía la televisión. Ahora están navegando por Internet, jugando con aparatos electrónicos y hablando con otra parte del mundo con sólo apretar un botón. Están mucho más preparados que aquellos niños y niñas que teníamos nosotros frente a la pantalla.

-¿Quién era más grande, la figura de Miliki, la de Fofó o la de Gaby? ¿O era un equipo que funcionaba a la perfección?

-Era un equipo y estaban muy bien definidos los papeles. Gaby era el profesor, el maestro, el que nos enseñaba, y los otros tres tontos también se repartían sus roles. El dicharachero era mi padre. Todo lo que estaba en la calle, en ese momento, lo comentaba. Miliki era el payaso romántico, que enamoraba con el acordeón. Y cuando entré yo a formar el cuarteto, me tocó recibir todos los porrazos, todos los cubos de agua y todas las bofetadas.

-Los genes transmiten incluso la posibilidad de hacer reír. ¿Se nace con un don para el circo? ¿Se aprende?

-No. Es como el periodismo. Se nace y se aprende. Cuesta mucho aprenderlo. Hay gente, como en Andalucía, que dice “qué malaje eres contando chistes” o “qué mala follá”, pero se llega a aprender.

-Usted es más famoso que muchos famosos actuales. ¿Cómo lleva la popularidad o la fama?

-Nunca me he creído famoso ni conocido. En casa, siempre, estás acostumbrado a ver premios, que te otorgan una calle o un monumento. Eso, en la familia, lo tenemos asumido. Antes se los daban a mi padre y a mis tíos y ahora lo estamos recibiendo mi primo Emilio, mi hermano Rodi o yo.

FOTO-LOS-PAYASOS-DE-LA-TELE

Miliki, Gabi, Fofó (ya fallecidos) y Fofito, los míticos Payasos de la Tele.

-¿El circo, en pleno siglo XXI, tiene futuro en España o está condenado a desaparecer en unos años? 

-Tiene futuro. Lo que pasa es que ha sido un poco ladronzuelo. Antes se gritaba en la pista y hoy todo el mundo lleva su micrófono. Con la iluminación ocurre lo mismo. Va cogiendo lo mejor de los espectáculos para llevarlo a la carpa.

-¿Qué es para usted la alegría? ¿Se puede vivir sin ella?

-Se puede, pero hay que tener esperanza en que te toque la Primitiva o la Bonoloto. O que recibas una herencia muy importante.

-¿Es posible separar el personaje de Fofito de la persona de Alfonso Aragón?

-No. Me llaman Fofito desde que nací y ya siempre se me ha quedado. De hecho, cuando faltó mi padre, querían haberme llamado Fofó. Dijimos que había que dejarle donde está y seguimos siendo Gabi, Miliki y Fofito. Y después, vino Milikito. Y posteriormente, Rodi. El nombre siempre está ahí. No me comporto en mi casa como en la pista, pero si bajo al supermercado o me están cortando el pelo, siempre estoy gastando bromas.

-Si los médicos recetaran la risa o el humor, ¿mejoraría la salud del ser humano o es un tópico?

-Sí. Me lo han dicho algunos doctores. Está comprobado por nosotros. Hemos ido a visitar a niños enfermitos y reciben la medicina y el tratamiento mucho mejor después de haber estado con nosotros que estando abandonados en una habitación.

-El circo y la Navidad, una pareja que no falla. ¿Por qué existe esa unión?

-Porque se ve en familia. Es una época para estar recogido en casa. Cuando vienen Papá Nöel o los tres Reyes Magos, el circo se agrega a eso. Nosotros cambiamos el repertorio de canciones y cantamos villancicos con el público.

-¿Se puede actuar estando triste? ¿Cómo se hace reír a los más pequeños en esas circunstancias?

-Se te pasa el dolor en cuanto pisas la pista. Han pagado por venir a verte y ese dolor amaina. Luego ya, por la noche, si te duelen las muelas, tienes que ir a urgencias a buscar un dentista.

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